Cuando me pediste que me fuera,
fui tristeza, fui dolor y fui lágrimas.
Fui lamentos, fui nostalgia y fui tormentos.
Cuando me pediste que me fuera,
no respondí:
fui silencio y remordimiento.
Me callé y seguí con el cuento,
sonreí con el pecho vacío.
Seguí y abandoné todo:
......
Barco navegante,
onda saltitante.
Encontrada em esmorecer,
nascer é vida,
chorar, morrer,
para cada renascer.
Com a alma temos de conviver,
no tudo plantar,
a pequena semente de amar.
......
Porque pasamos noches
Pensando en ellas? Buscando la manera
De volberlas a ver
Nos vuelben los dias en noches
Y las noches en dias
He querido buscar
La razon por cual hoy siento
Tanto amor
Ya llevo 100 libros sobre el tema
......
Corações ele busca, com paixão e fervor,
Amor sincero, o seu eterno labor.
Virtudes nobres, seu escudo e estandarte,
Alma pura, que nunca se reparte.
Luz que guia, em noites de escuridão,
Esperança viva, em cada coração.
Inspiração constante, em cada gesto seu,
Radiante sorriso, que afasta o véu.
Olhar profundo, que a alma compreende,
......
Seis años. Dilo despacio: seis años. No son meses perdidos, no son errores sueltos, no es un “qué hubiera pasado”. Son días con nombre, noches con recuerdos, una vida entera vivida a medias entre tú y yo. Todo empezó cuando todavía no sabíamos amar sin rompernos. Me invitaste a bailar; no había música ni ritmo, solo una intuición torpe diciendo “ven”. Y yo fui. ¿Qué podía perder, si el tiempo igual se escapa, si el miedo igual persigue, si el corazón late aunque uno no quiera?
Bailamos mal, pisándonos, riendo nerviosos, queriéndonos sin manual, sin guía, sin promesas claras. Duramos poco, nos soltamos rápido, y pensé que ahí terminaba todo. Pero las historias largas no se cierran así. Volvimos, como vuelven las canciones que uno jura no extrañar. Volvimos tomados de la mano, probando otra vez con más ilusión que experiencia: un beso tímido, un abrazo que duró más de lo que debía, una comida compartida, un “quédate un rato”, un calor breve antes de la despedida.
Luego el mundo se cerró. Cada quien en su casa, cada quien con su miedo. Y nos amamos desde lejos: pantallas, voces comprimidas, mensajes largos. Yo te escribía para que supieras quién era, para que no me olvidaras; tú me mostrabas partes de ti que yo guardaba como quien guarda cartas en una caja vieja. Reíamos, soñábamos, pero algo faltaba. Faltaba el peso del cuerpo, el latido cerca, la verdad de la piel. Llegó diciembre y entendí algo doloroso: el amor sin presencia también cansa. No te dejé por falta de amor, te dejé por hambre. Hambre de ti.
Pasó el tiempo y, como siempre pasa, volvimos. Pasillos de colegio, miradas robadas, excusas pequeñas, un “¿y si otra vez?”. Y otra vez. Ya no éramos niños; éramos adolescentes jugando a ser adultos con un amor que ardía y quemaba. Ahí sí nos tocamos, ahí sí nos sentimos, ahí sí fue real. Labios aprendiendo, piel descubriéndose, dos cuerpos buscando lo que el corazón no sabía explicar. Yo te quise como supe: con comida, con cuidado, con estar. Tú me quisiste con arte, con gestos, con vida. Te abracé, te sentí, te amé sin reservas. Te mostré quién era cuando nadie miraba, y tú me mostraste partes tuyas que todavía recuerdo con ternura.
Pero amar no siempre significa avanzar juntos. Yo quería más: más profundidad, más compromiso, más verdad. Tú dudabas, te frenabas, levantabas muros cuando yo abría el pecho. Estabas conmigo pero lejos; me alejabas sin soltarme del todo. Amenazabas con irte y yo me rompía cada vez. Cada descanso juntos era un respiro corto, cada abrazo una despedida anticipada. Hasta que pedí un tiempo. Me fui. Y te extrañé como se extraña lo que duele pero importa.
......
Cuando me pediste que me fuera,
fui tristeza, fui dolor y fui lágrimas.
Fui lamentos, fui nostalgia y fui tormentos.
Cuando me pediste que me fuera,
no respondí:
fui silencio y remordimiento.
Me callé y seguí con el cuento,
sonreí con el pecho vacío.
Seguí y abandoné todo:
......
Me estoy volviendo gris como una nube.
Este es un lugar sin espacio.
En mi bolsillo derecho
llevo unas almendras mordidas
que lamentan su integridad.
Saltar en el trapecio
es mi modesta herencia.
En la base de mis deseos,
hay pequeñas escamas de levadura.
Soy una mujer gris
......
Loving them was like entering a broken house,
whispering I could fix it.
I spoke softly, offered calm, lit candles
where there was only shadow.
I broke trying to hold them,
until one day I looked at myself and didn’t recognize me.
Leaving hurt, but it taught me:
loving deeply is not a mistake.
Now I walk strong,
free of resentment,
......
Seis años. Dilo despacio: seis años. No son meses perdidos, no son errores sueltos, no es un “qué hubiera pasado”. Son días con nombre, noches con recuerdos, una vida entera vivida a medias entre tú y yo. Todo empezó cuando todavía no sabíamos amar sin rompernos. Me invitaste a bailar; no había música ni ritmo, solo una intuición torpe diciendo “ven”. Y yo fui. ¿Qué podía perder, si el tiempo igual se escapa, si el miedo igual persigue, si el corazón late aunque uno no quiera?
Bailamos mal, pisándonos, riendo nerviosos, queriéndonos sin manual, sin guía, sin promesas claras. Duramos poco, nos soltamos rápido, y pensé que ahí terminaba todo. Pero las historias largas no se cierran así. Volvimos, como vuelven las canciones que uno jura no extrañar. Volvimos tomados de la mano, probando otra vez con más ilusión que experiencia: un beso tímido, un abrazo que duró más de lo que debía, una comida compartida, un “quédate un rato”, un calor breve antes de la despedida.
Luego el mundo se cerró. Cada quien en su casa, cada quien con su miedo. Y nos amamos desde lejos: pantallas, voces comprimidas, mensajes largos. Yo te escribía para que supieras quién era, para que no me olvidaras; tú me mostrabas partes de ti que yo guardaba como quien guarda cartas en una caja vieja. Reíamos, soñábamos, pero algo faltaba. Faltaba el peso del cuerpo, el latido cerca, la verdad de la piel. Llegó diciembre y entendí algo doloroso: el amor sin presencia también cansa. No te dejé por falta de amor, te dejé por hambre. Hambre de ti.
Pasó el tiempo y, como siempre pasa, volvimos. Pasillos de colegio, miradas robadas, excusas pequeñas, un “¿y si otra vez?”. Y otra vez. Ya no éramos niños; éramos adolescentes jugando a ser adultos con un amor que ardía y quemaba. Ahí sí nos tocamos, ahí sí nos sentimos, ahí sí fue real. Labios aprendiendo, piel descubriéndose, dos cuerpos buscando lo que el corazón no sabía explicar. Yo te quise como supe: con comida, con cuidado, con estar. Tú me quisiste con arte, con gestos, con vida. Te abracé, te sentí, te amé sin reservas. Te mostré quién era cuando nadie miraba, y tú me mostraste partes tuyas que todavía recuerdo con ternura.
Pero amar no siempre significa avanzar juntos. Yo quería más: más profundidad, más compromiso, más verdad. Tú dudabas, te frenabas, levantabas muros cuando yo abría el pecho. Estabas conmigo pero lejos; me alejabas sin soltarme del todo. Amenazabas con irte y yo me rompía cada vez. Cada descanso juntos era un respiro corto, cada abrazo una despedida anticipada. Hasta que pedí un tiempo. Me fui. Y te extrañé como se extraña lo que duele pero importa.
......
Corações ele busca, com paixão e fervor,
Amor sincero, o seu eterno labor.
Virtudes nobres, seu escudo e estandarte,
Alma pura, que nunca se reparte.
Luz que guia, em noites de escuridão,
Esperança viva, em cada coração.
Inspiração constante, em cada gesto seu,
Radiante sorriso, que afasta o véu.
Olhar profundo, que a alma compreende,
......